Comisión de Presupuesto hunde iniciativa que buscaba acelerar recursos para más de 40.000 familias damnificadas
Montería, 15 de febrero de 2026.
Mientras buena parte de Montería sigue inundada, la política decidió mantenerse a salvo… del apuro. En medio de una emergencia humanitaria sin precedentes, la mayoría de la Comisión de Presupuesto del Concejo Municipal archivó el proyecto que permitiría agilizar el traslado de recursos para atender con rapidez a más de 40.000 familias afectadas.
La votación quedó así de clara como el agua que hoy no baja:
Votaron en contra: Trino Hoyos, Emery Hernández, Juan Vargas y Anyi Pacheco.
Votaron a favor: Carlos Verbel, Beto Payares y Julio Hoyos.
La iniciativa —vale insistir— no creaba impuestos, no generaba endeudamiento y no comprometía vigencias futuras. Su objetivo era bastante modesto para la magnitud de la tragedia: reducir trámites para que la ayuda llegara más rápido a quienes hoy duermen en colchonetas y sobreviven con donaciones.
Un “no” político, no técnico
Desde la administración municipal se explicó que el proyecto cumplía con la Constitución y con los lineamientos del Tribunal Administrativo de Córdoba. Las facultades solicitadas eran temporales (seis meses) y exclusivas para la calamidad pública.
No hubo objeciones jurídicas de fondo.
No aparecieron reparos técnicos sólidos.
Lo que sí hubo fue una decisión política. De esas que se toman en seco, lejos del barro.
Y la reacción no se hizo esperar en sectores como Comuna 1, Comuna 2, Las Palomas, Guasimal, Loma Verde, Pueblo Bujo y en los alojamientos temporales, donde la urgencia no se discute: se padece.
La humanidad, en lista de espera
La emergencia no entiende de cálculos electorales.
No espera pulseos internos.
No hace fila para los tiempos de la política.
Hoy Montería necesitaba unidad, altura y sentido de urgencia. Pero cuatro votos bastaron para frenar una herramienta que podía acelerar la ayuda humanitaria.
Editorial
Cuando el agua sube, se espera que la política esté a la altura.
Esta vez, algunos prefirieron quedarse en la orilla del cálculo.
Negar agilidad en medio de una tragedia no es oposición responsable: es desconexión con el dolor ajeno.
La historia —y la memoria ciudadana— dejarán constancia de quién estuvo del lado de las familias inundadas…
y quién decidió hundir algo más que un proyecto.
Porque en Montería, mientras el río crece, la memoria no se seca.