Mientras las familias luchaban contra el agua podrida de alcantarilla que rodeaba sus casas, tratando de salvar colchones, electrodomésticos y hasta la dignidad, varios de nuestros honorables concejales aplicaron la vieja estrategia del “silencio estratégico”. O quizá estaban esperando que el agua bajara… y también la indignación.
Ocho días después, cuando el olor seguía en las calles y la necesidad seguía intacta, algunos decidieron aparecer. No con botas, ni con gestión, ni con soluciones. Aparecieron con publicaciones en redes sociales, como si un estado o un video sustituyera la presencia que nunca tuvieron.
Porque claro, es más fácil dar declaraciones desde la distancia que caminar entre el lodo. Es más cómodo grabar un mensaje que tocar la puerta de una familia afectada. Y es mucho más sencillo hablar de compromiso cuando ya pasó la emergencia más dura.
A los que hablaron tarde y a los que simplemente no hablaron nunca, la comunidad los vio. O mejor dicho, no los vio. Y en política, a veces la ausencia pesa más que cualquier discurso.
La pregunta que queda es sencilla: si en la emergencia no estuvieron, ¿para qué están?